*De manera paralela se realiza en la ciudad de Guanajuato el día de las flores

Hoy se venera a la Virgen de Dolores.
El Viernes de Dolores, celebrado el viernes anterior al Domingo de Ramos, es una de las tradiciones más queridas del pueblo mexicano, especialmente en ciudades como Guanajuato.
De manera adicional, se realiza año con año, el día de las flores en el jardín de la Unión de esta capital del estado, donde acuden miles de personas para pasear y comprar sus ramos florales para colocarlos en los altares que son montados en los hogares de los cuevanenses o en establecimientos comerciales, recintos públicos.
Hoy poco después de las siete de la mañana muy poca gente comenzó a llegar al centro histórico, mientras que ayer por la noche se registró un intenso movimiento de personas alrededor del jardín de la Unión y hasta la calle de Sopeña, ya que muchos jóvenes aprovecharon para acudir a los antros o a bailes de las flores.
El viernes de Dolores es una devoción que surge en la Iglesia desde la Edad Media, cuando los fieles comenzaron a meditar los siete dolores de la Virgen María, contemplando su sufrimiento unido al de Cristo.
Con el paso del tiempo, esta práctica llegó a México durante la época virreinal, donde adquirió un carácter profundamente popular.
En Guanajuato, esta celebración tomó un matiz muy especial y único, convirtiéndose también en el llamado “Día de las Flores”. Las calles, plazas y casas se llenan de altares dedicados a la Virgen de los Dolores, adornados con flores de colores vivos, papel picado y veladoras.
A las personas que dicen la frase: “Ya lloró la Virgen”, les regalan aguas frescas de chía, limón o jamaica como signo de hospitalidad.
Este gesto no es solo festivo: simboliza el consuelo del pueblo hacia la Virgen Dolorosa, acompañándola en su sufrimiento.
En el Templo del Oratorio de San Felipe Neri ha sido, desde hace siglos, un lugar central en la vivencia de esta devoción y cada año se realiza durante toda la Cuaresma las misas cada viernes.
En este templo se ha fomentado profundamente el amor a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores.
Se colocan altares que ayudan a los fieles a meditar el dolor de María como camino de fe, esperanza y redención.
La espiritualidad del Oratorio, heredera de San Felipe Neri, impulsa una vivencia cercana, afectiva y profundamente humana de la fe, donde el dolor no se evita, sino que se transforma en amor ofrecido a Dios.
El Viernes de Dolores no es solo una tradición cultural, sino una invitación a acompañar a María en su dolor, reconocer nuestros propios sufrimientos, descubrir que el dolor, unido a Cristo, puede convertirse en salvación.
En Guanajuato, entre flores y altares, el pueblo proclama en silencio algo muy profundo: Que el dolor no tiene la última palabra… porque está lleno de esperanza.
En el corazón de nuestra ciudad, el Oratorio es más que un templo: es un lugar donde la fe se hace vida, donde la oración transforma, donde Cristo sigue caminando con su pueblo.
