*Federación debe presentar un análisis técnico, serio y documentado de las condiciones reales en que funciona

Dip. Angélica Casillas Martínez
La realidad que hoy se vive en el Hospital Regional de Alta Especialidad del Bajío es muestra de un sistema de salud federal que se desatendió.
Una institución diseñada para operar con 184 camas y atender padecimientos de alta complejidad en toda la región funciona, según reportes recientes, apenas al 30% de su capacidad.
Ese dato no es una estadística aislada: es la expresión concreta de una falla estructural en la conducción del sistema federal de salud.
El derecho a la protección de la salud no se satisface con la mera existencia de edificios hospitalarios. La obligación del Estado implica disponibilidad real, accesibilidad efectiva y calidad en los servicios. Un hospital de alta especialidad que opera al 30% representa una brecha entre el mandato normativo y la realidad operativa. Esa brecha se traduce en diagnósticos tardíos, cirugías diferidas y tratamientos interrumpidos.
Frente a esta realidad, no basta con expresar preocupación. Propondremos que se presente un análisis técnico, serio y documentado sobre las condiciones reales en las que opera el Hospital Regional de Alta Especialidad del Bajío, con el propósito de identificar con precisión las causas que han llevado a una reducción tan significativa en su nivel de atención.
Ese análisis deberá partir de indicadores objetivos: porcentaje de ocupación hospitalaria, número de cirugías programadas y efectivamente realizadas, consultas de especialidad otorgadas, tiempos de espera, disponibilidad de quirófanos, abasto de medicamentos e insumos críticos.
Si una unidad con 184 camas opera al 30%, significa que una parte sustancial de su capacidad instalada permanece inactiva.
Cada cama no utilizada puede representar una cirugía que no se realiza, una hospitalización que se difiere o un tratamiento especializado que se pospone. Traducir ese porcentaje en cifras concretas de pacientes permitirá comprender la magnitud social del problema.
El análisis también deberá considerar el impacto regional. Este hospital fue concebido como un nodo estratégico para la atención de alta especialidad en el Bajío.
Si su capacidad disminuye, la presión se desplaza a otras instituciones que no necesariamente cuentan con el equipamiento o el perfil clínico para resolver padecimientos complejos, generando saturación y ampliando tiempos de espera en toda la red.
La ciudadanía merece saber qué está ocurriendo y, sobre todo, qué se hará para corregirlo. Porque detrás de cada indicador hay historias clínicas pendientes y familias que esperan respuestas.

